miércoles, 8 de abril de 2009

UNCION DE ENFERMOS

En estas fechas de Semana Santa, es muy común que se administre el sacramento de la unción de los enfermos en muchas parroquias.
Debe ser el sacramento que menos nos gusta en general por las connotaciones que tiene. Si alguien de tu familia o entorno lo necesita, quiere decir que no está bien físicamente, o que ya es lo suficientemente mayor como para pensar que puede morir pronto.
La persona que lo recibe, no necesariamente tiene que estar muriendo como cree la mayoría de la gente, incluida yo hasta hace dos años. Es un sacramento que efectivamente prepara al moribundo, pero también prepara en el alma al que sufre una enfermedad grave.
Esto es lo que dice nuestro Catecismo dice sobre los efectos de este sacramento
1520 Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios (cf Cc. de Florencia: DS 1325). Además, "si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,15; cf Cc. de Trento: DS 1717).

1521 La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de est e sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

1522 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.

1523 Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la unción de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón "a los que están a punto de salir de esta vida" ("in exitu viae constituti"; Cc. de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también "sacramentum exeuntium" ("sacramento de los que parten", ibid.). La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y a la resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un sólido puente levadizo para entrar en la Casa del Padre defendiéndose en los últimos combates (cf ibid.: DS 1694).
Leido así no impresiona tanto ¿verdad?. Si lees esto, te das cuenta que tienes la obligación moral de animar a todo enfermo a recibirlo, y de procurar que lo reciba cuando todavía está consciente.
Pero que sepas que es un bien, que reconforta, que alivia,....,no evita que cuando ves a un ser querido en la fila de los que lo van a recibir, sientas como el anuncio a María "que una espada traspasa tu corazón", y que estás a la espera de que ese sólido puente levadizo empiece a izarse, y ya no tenga vuelta atrás.

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