viernes, 6 de noviembre de 2009

EN UNA SALA DE HOSPITAL....

Hay tantas historias de esperanza entre las personas que parece que ya no la deben tener. Hay personas que transmiten tanta fuerza, que sin saberlo, ni siquiera pretenderlo dan verdaderas lecciones de vida.

Sala de oncología. Tocaba revisión médica. Una chica, que a pesar de su calvicie, se nota que tiene que tener poco más de treinta años. Primero entra sola. Sale. Vuelve acompañada de su marido y empujando un cochecito de niño pequeño. Se sientan. Allí hay tanta tensión y tanta tristeza que nadie sonríe al bebé. Ni siquiera el típico gesto de decir "qué monada de niño!!", porque dicho sea de paso, el bebé era precioso.

Choca la imagen. No es lo habitual. Yo empiezo a inventarme mi propia historia sobre ellos. Estarán solos y no tienen con quien dejar el bebé, pienso.

Hago como los demás. Continuo a lo mío. Y de repente, se oyen unas risas. Eso si que no es habitual en este sitio donde sobre todo reina el silencio. De vez en cuando se oyen llantos, pero risas...... Miro y ahí estaba la madre jugando con el bebé, haciéndole reir al bebé, y vaya si se reía, a carcajadas!! El padre a su lado mirando, sin cara de extrañeza por lo que me da que pensar que eso debe ser lo habitual.

No pude menos que pensar en lo que debía haber sufrido esa pareja. Sigo inventándome la historia, pero por el aspecto de la madre y la edad del bebé (luego escuché que tenía 7 meses), la enfermedad debía haber aparecido o en el embarazo o con el niño recién nacido. Y pienso en el libro que leí de la hija de Suárez. Lo leí hace muchos años, cuando lo escribió. Cuando yo pensaba que eso del cáncer les pasa a otros. Esta chica, renunció a un tratamiento porque estaba embarazada. Sabía el riesgo que corría, pero aun así apostó por su hijo. Ahora tenía allí a mi lado un caso parecido. Esa pareja no solo habría tenido el sufrimiento de la enfermedad, además tenían un bebé que salvar. Quizá hayan estado en la encrucijada de tener que decidir uno u otro. Está claro que Dios premia las buenas decisiones. Ahora están los dos juntos. Igual que estuvo Miriam Suárez varios años junto a su hijo.

Cada uno tenemos nuestra historia. Es cierto. No hay unas más tristes que otras. Para cada uno la suya es la más dolorosa. Lo que si hay son historias de gente con coraje. Gente que contagia su saber vivir. Historias de gente que a pesar de los pesares son capaces de tragarse su pena, y de jugar con su niño. Historias de personas que anteponen la felicidad de sus seres queridos a su dolor. Esta madre seguro que habrá pensado en algún momento que no puede traer un niño a esta tierra para que la vea triste. Que pase lo que pase, su bebé será un bebé feliz. Y al menos por lo que yo pude comprobar, lo conseguirá.

Cada vez que salgo de ese hospital, y que pongo más caras a esta enfermedad, aumenta mi lista de personas por las que especialmente rezo. Cada vez es más larga. No les pongo nombres, no los sé. Rezo por la que lloraba, por la que he dejado de ver, ....., ahora rezaré por esa enferma que hace reir a su hijo.

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